Calentamiento Global

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La ONU establece una moratoria “de facto” sobre la geoingeniería


29 de octubre de 2010

Nagoya, Japón. Los 193 países firmantes del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) cerrarán su décima reunión bianual con una memorable decisión consensada: establecer una moratoria de facto sobre los proyectos y experimentos de geoingeniería. “Cualquier experimento, sea de fuente pública o privada que intente ahora manipular el termostato planetario violará este consenso de Naciones Unidas, que fue cuidadosamente logrado”, afirmó Silvia Ribeiro, Directora para Latinoamérica del Grupo ETC.

El acuerdo alcanzado durante la sesión ministerial de esta sesión del CBD, con la participación de ministros del ambiente de 110 países, pide a los gobiernos asegurar que no habrá actividades de geoingeniería hasta que hayan sido considerados en profundidad los riesgos al ambiente y la biodiversidad y los posibles impactos culturales y económicos. El Secretariado del CDB recibió instrucciones para informar también sobre las diversas propuestas de geoingeniería que existen y posibles opciones de regulaciones intergubernamentales.

Esta decisión, respaldada por un fuerte consenso, deriva de la moratoria de 2008 sobre fertilización oceánica. Tal acuerdo, negociado durante la 9a Conferencia de las Partes en Bonn, frenó una serie de riesgosos “experimentos” —tanto públicos como privados— para capturar dióxido de carbono en las profundidades de los océanos mediante el vertido de nutrientes en la superficie marina. Posteriormente la atención se volcó hacia diversas propuestas para bloquear parte de la radiación solar mediante intervenciones de gran escala en la atmósfera, la estratósfera y el espacio exterior, que alterarían las temperaturas globales y los patrones de precipitación, con fuertes impactos negativos en algunas regiones.

“La decisión da a Naciones Unidas el mando sobre la geoingeniería, a donde claramente debe estar”, afirma el director del Grupo ETC, Pat Mooney. “Esta decisión es una victoria del sentido común y de la precaución. No inhibirá los estudios para investigación científica. Las decisiones sobre geoingeniería no puede hacerlas un pequeño grupo de países que establezcan “directrices voluntarias” sobre la manipulación del clima. Con esto se puso al descubierto la poca credibilidad que este tipo de esfuerzos tenía en los círculos políticos en el Norte global.  La Royal Society del Reino Unido y sus contrapartes deben cancelar su Iniciativa sobre el Manejo de la Radiación Solar, (Solar Radiation Management Governance Initiative) y respetar que los gobiernos del mundo han decidido colectivamente que las discusiones sobre geoingeniería deben ocurrir en Naciones Unidas, donde todos los países tienen un lugar en la mesa y donde la sociedad civil puede ver, vigilar e incidir en lo que están decidiendo.”

Fuente: ETC group

29 octubre 2010 Posted by | 2010, Cambio Climático, Climate Change, geoingeniería | 1 Comentario

La organización Grupo ETC publica en castellano “Remendar el Planeta” informe sobre geoigeniería.


Remendar al planeta

Caos climático en la era de la geoingeniería

Nuevo informe del Grupo ETC

Versión en castellano de Retooling the Planet

Agosto 2010

No hay duda alguna de que incidir en los ecosistemas locales puede provocar efectos en todo el planeta. A ello debemos el cambio climático inducido por la actividad humana. Sin embargo, está ganando terreno una idea temeraria: que podemos intervenir deliberadamente los sistemas planetarios para corregir el daño que hemos provocado en nuestro clima. Aesto se refiere la geoingeniería, la intervención intencional a gran escala en los océanos, los suelos y/o la atmósfera de la Tierra, especialmente con el fin de combatir el cambio climático.

La geoingeniería puede referirse a una amplia gama de esquemas, entre los que se incluyen el lanzamiento de partículas de sulfatos a la estratosfera para reflejar los rayos solares; el vertimiento de partículas de hierro en los océanos para nutrir al plancton que absorbe el CO2; el disparo de yoduro de plata a las nubes para producir lluvia;
la ingeniería genética de los cultivos para que su follaje refleje mejor la luz del sol, entre otras.

David Keith —físico y promotor de la geoingeniería adscrito a la Universidad de Calgary— describe la geoingeniería como “una solución expedita que emplea tecnología adicional para contrarrestar efectos no deseados sin eliminar su causa de origen”. En otras palabras, la geoingeniería emplea nuevas tecnologías para intentar rectificar los problemas creados por el uso de viejas tecnologías: un clásico remiendo tecnológico.

En medio de un creciente malestar público y cada vez mayores concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se sienten presionados a “doblar las manos”: o bien adoptan políticas socialmente responsables para reducir dramáticamente
la producción y el consumo de combustibles fósiles, o esperan a que emerja una alternativa, un recurso providencial en la forma de un conjunto de arreglos tecnológicos que les permita mantener el status quo y evadir las consecuencias. No sorprende que el supuesto “recurso providencial” —la geoingeniería— adquiera fuerza. Tampoco sorprende que
los Estados  del Norte global, responsables por casi la totalidad de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y que han negado o evadido durante décadas el tema del cambio climático, son los que más calurosamente han dado la bienvenida a la opción de la geoingeniería.
Pero además, esos países son los que tendrían un control de facto de su emplazamiento: sólo los países más ricos del mundo tienen la capacidad real de integrar el hardware y el software necesarios para intentar recomponer el clima y reajustar el termostato. También es obvio que los protagonistas del sector privado que querrán encabezar la geoingeniería serán probablemente las mismas empresas de las ramas energética, química, silvícola y de los agronegocios que cargan con la responsabilidad de haber creado el actual predicamento climático en el que nos encontramos, es decir, los mismos que nos condujeron a este caos.

Elegir la geoingeniería como una de las soluciones al caos climático atenta directamente contra el principio de precaución. Aún los posibles inversionistas reconocen que no sabemos lo suficiente sobre los sistemas terrestres como para arriesgarnos a la aplicación intencional de la geoingeniería o incluso a experimentar con ella en el mundo real. No sabemos si la geoingeniería será barata (como insisten sus promotores), especialmente si fracasa (o cuando fracase), si obstaculiza el desarrollo de alternativas constructivas o provoca efectos adversos. No sabemos cómo retirar una tecnología de escala planetaria ya que ha sido liberada. Es probable que las tecnologías que alteren la composición de la estratósfera o la química de los océanos tengan consecuencias no intencionales e impactos diferenciados en el mundo, es decir, que en unos lugares el resultado sea bueno, y en otros no tanto (a lo que se
llama eufemísticamente “heterogeneidad espacial”). Así como el experimento de “geoingeniería” no intencional que significó la Revolución Industrial afectó desproporcionadamente a los pueblos que habitan las regiones tropicales y subtropicales del mundo, es probable que los experimentos de geoingeniería deliberada afecten precisamente a
los pueblos comunidades con menos posibilidades de sobreponerse a los desastres.

Los gobiernos que calladamente discuten la posibilidad de financiar la experimentación en geoingeniería son los mismos que incumplieron en aportar siquiera los recursos mínimos para las acciones de mitigación o adaptación al cambio climático. De hecho, en algunos centros de decisión se está proponiendo el enfoque MAG (Mitigación, Adaptación y Geoingeniería) para incorporarlo en las discusiones sobre cambio climático. Esos gobiernos están dispuestos a desviar los fondos que serían usados para las acciones de mitigación y adaptación frente al cambio climático hacia la geoingeniería, si se les da la oportunidad.
Después de todo, tienen la capacidad de gastar el dinero en sus propios científicos y corporaciones para lanzar iniciativas que muy probablemente sólo beneficiarán a “su parte” del mundo. No existe razón para que los gobiernos y los pueblos de la mayoría del continente africano, Asia o América Latina confíen en que los gobiernos, empresas y
científicos del Norte global defenderán sus intereses. En ausencia de una comprobable buena fe de los estados que promueven y presumiblemente controlarán el desarrollo de la geoingeniería, los gobiernos del Sur global deberían desconfiar. En ausencia de un debate público que incorpore el tema de las desigualdades entre países ricos y pobres, en términos, tanto de la responsabilidad histórica por el cambio climático, como de los impactos potenciales de cualquier tecnología emplazada para combatirlo, la geoingeniería no es más que un acto de geopiratería.

3 septiembre 2010 Posted by | Calentamiento global, Cambio Climático, geoingeniería, Global warming | Deja un comentario

   

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